dimecres, 8 d’agost del 2012

Así que... “Yo no celebro Halloween porque es una fiesta americana...” Rompiendo tópicos sobre una de las mejores fechas del año

Para mí un debate sobre “Halloween vs. La Castanyada” es harto infructuoso y denota que no se conoce ni una tradición ni la otra. En ambos casos se trata de unos ritos funerarios celebrados desde la Edad de Hierro, y seguramente cuentan con el mismo origen indoeuropeo de vertiente céltica. Hay que recordar que Catalunya fue poblada por poblaciones proto-celtas de los campos de Urnas, y que esta fiesta funeral era seguramente una de las más importantes y características de esta familia cultural. En el caso de Catalunya, la fiesta ha perdido el carácter crucial de la cultura celta, pues Samhain marcaba fin e inicio del año. En el caso de la fiesta de la Castanyada, esta importancia se ha perdido, pero sigue siendo una de las fechas más tradicionales delcalendario.

Ambas fiestas tratan el recuerdo a los difuntos haciéndose lo más natural posible, pero por lo visto la población catalana se queja de la poca seriedad de Halloween, y de que es un síntoma más de la globalización y la invasión de la cultura americana de los fast foods y las películas de acción. Si alguien afirma tal cosa, indica que no conoce el origen de la fiesta de Halloween, que tiene lugar en Europa, y data de la Edad de Hierro: Samhain. Halloween es simplemente la continuación de esta antiquísima y seria celebración pasada por un filtro un poco más irónico, pero definitivamente actual y práctico. Personalmente, me encanta Halloween justamente por la naturalidad que le da a la muerte, despojándola de esa severidad cristiana que para nada considero que debiera caracterizar a esta fiesta. Creo firmemente que de no ser por la intervención de los papas de Roma en su momento, la fiesta de la Castanyada y Tots Sants habría terminado siendo algo muy similar a Halloween, en el caso que se hubiera mantenido.

Pero nos quejamos de que los niños no quieren celebrar la Castanyada, pues es aburrida y no les estimula la imaginación. Pues bien, Halloween, de una forma bien encaminada, puede estimular el interés de los niños por el otoño y las fiestas antiguas. Comer castañas tostadas en una hoguera en el centro del pueblo, repartir panellets, disfrazarse de esperpento y jugar al truco o trato no debiera presentar ninguna complicación. De hecho hay dos puntos que debiera mencionar antes de dar mi artículo por terminado: hay dos celebraciones en Catalunya, que datan de muchos siglos atrás, según las cuales los muertos venían la noche del 31 de octubre a visitar a los vivos, y que si no encontraban panellets o frutos que los recibieran, se dedicaban a asustar a los durmientes. Eso coincide con la tradición del “truco o trato” -trick or treat- en la que los niños, disfrazados, van casa por casa buscando dulces a cambio de dejar tranquilos a los vivos y librarles de una broma. Y en segundo lugar, la existencia fechada y registrada del vaciado y decoración de calabazas por esas fechas en el Ripollès.

Así pues, antes de criticar tan fervientemente la fiesta de Halloween en frente de la versión teóricamente “pura” la Castanyada y Tots Sants, valdría la pena reflexionar sobre dos cosas: que de hecho la Castanyada es una reformulación cristiana, y no la fiesta tal y como la idearon los antiguos; y que si no nos ponemos las pilas, se dejará de celebrar de una forma dinámica y quedará como una fiesta muerta como la Candelaria; y ¿qué es más importante, mantenerse rígido mientras la rueda del año gira o nunca dejar de celebrar la naturaleza con alegría?

La Castanyada y Tots Sants: ancestrío celta en el calendario agrario de Catalunya


La Castanyada es una fiesta tradicional que se celebra ya desde hace XX siglos cada 31 de octubre y 1 de noviembre; así pues, no estamos ante ninguna reformulación del Halloween moderno adaptado al mundo mediterráneo, sino que se trata de una tradición propia, que por cierto comparte muchos puntos en común con esta fiesta anglo-céltica que despreciamos injustamente. Pero el punto que Los orígenes de la fiesta que sigue a la Castanyada, Tots Sants -Todos los Santos- se remontan, según Joan Soler i Amigó, a las antiguas fiestas funerarias de Europa, en cuyo caso hallamos una referencia directa a Samhain.

Esta fiesta originariamente no se dedicaba a todos los Santos, sino a todos los Dioses; y prueba de ello es la tarea que llevó a cabo el papa Bonifacio IV consagró el Panteón
(Todos los dioses) a Todos los Santos en el siglo VII. Dos siglos después, se fijó la fecha de esta festividad el 1 de noviembre, seguramente para sustituir su versión pagana de una forma no traumática para la sociedad.

Con ello sólo pretendo demostrar que lo que hoy llamamos Tots Sants es una fiesta funeraria antigua, de origen precristiano, que obedece el proceso de cristianización de las fiestas que se inició en Roma. Pero Tots Sants no es la fiesta que me interesa en particular, sino su víspera, que conserva de una forma muy curiosa una ritualística pagana típica del territorio.


El primer testigo oficial de la celebración ritual de la Castanyada aceptada en el territorio catalán una vez cristianizado, data del año 1033, cuando en la asamblea de Vi
c el obispo Oliva la incluyó dentro de las festividades aceptadas. Así pues, fácilmente se deduce que esta fiesta se celebraba antes de esa fecha, y por lo visto, de la misma forma que hasta hace pocas décadas. La Castanyada celebra, igual que Samhain o el moderno Halloween, la unión de este mundo con el Mundo de los Muertos o el Otro Mundo, y la presencia de los muertos que vagan por el mundo de los vivos durante esta noche.


El ritual reconstruccionista catalán de la Castanyada es un ritual nocturno en el que la comida y la luz tienen un papel constante. Es una fecha solemne pero no triste, como se suele vender. Igual que en el caso de Samhain, la Castanyada celebra la muerte pero también la vida que queda en este mundo, y reconoce el paso de las estaciones con el mismo respeto que una fiesta de verano.

La comida en este caso, se compone de castañas, frutos secos y postres elaborados con ello. Los frutos secos y las castañas son un indicador de la próxima ausencia de fruta fresca, y se relacionan estrechamente con los muertos. Los panellets –o incluso en otras regiones los huesos de santo- dulces hechos con boniato, almendra y piñones, eran los “panes” que se ofrecían a los muertos y se comían en familia durante esa noche, una noche en la cual lo importante era mantenerse despierto para recordar con alegría a los que no están. Esa noche se encendía en el hogar o en el centro del pueblo, un fuego que servía para guiar los espíritus de los muertos para visitar a sus familiares vivos, y para tostar las castañas y frutos que se comían en el punto álgido del otoño. Como su correspondiente 1 de mayo, el 31 de octubre indica el fin de toda vida agrícola, los rebaños se guardan y ahora sólo puede venir el frío; así que esa noche es el inicio de una mitad oscura del año, y como tal hay que celebrarla con alegría, quizás desprendiéndose de ese tono triste y trágico con el que la tradición cristiana lo impregnó desde que la arrebató de los pueblos de Europa.

Enciclopèdia de la Fantasia Popular Catalana – Joan Soler i Amigó
Castanyada - Viquipèdia

El ungüento de brujas en Catalunya

La mayor parte de los ingredientes que componen el ungüento típico de las brujas en Catalunya, están sacados de confesiones de juicios contra brujas sometidas a tortura, pero también salen de la sabiduría y medicina popular y rural. Por supuesto, la composición del ungüento variaba dependiendo del pueblo, de la flora y fauna locales, y por supuesto, de las personas, pero se podrían esbozar posibles composiciones si nos basamos en los ingredientes más repetidos:

  • hierbas medicinales variadas: que pueden favorecer determinados procesos físicos, dependiendo de la dosis en la que se usen. Dentro de esto, encontramos normalmente las plantas siguientes: ruda, orégano, romero, hipérico (hierba de Sant Joan), salvia.
  • grasas: mantecas de procedencia animal y vegetal para dar consistencia al preparado, que el imaginario popular se ha dedicado a deformar para dar lugar a variantes como “grasa de un recién nacido o de niño”, “sebo de serpiente” (…) En fin, originariamente se trataba de grasas y sebos como el aceite de oliva y la manteca animal.
  • cenizas: también buen componente para dar consistencia al ungüento, al mismo tiempo que parte de una idea de ritual ígneo, en el cual se guardan muchas veces las cenizas de hogueras hechas en fechas muy puntuales que adquieren propiedades mágicas o sagradas. Ejemplo de ello son las cenizas que se obtienen con la hoguera de la Revetlla de Sant Joan.
  • pelos y restos animales: además de alimentar el folklore, los ingredientes procedentes de los animales son, sobretodo, totémicos, y añadiéndolos a un ungüento se pretende incorporar las cualidades que se consideran prototípicas o representativas de un animal y darlas a quien use el preparado.
  • venenos: sustancias como la cicuta, el arsénico o el rialgar, en dosis muy controladas, que intoxican el organismo y pueden servir tanto para dañar como para crear estados de conciencia alterados.
  • mención aparte merecen las solanáceas como la belladonna, la mandrágora, y otras plantas alucinógenas como el jusquiam (hyoscamus) y el estramonio: este tipo de plantas consideradas alucinógenas, eran las causantes de la supuesta alucinación de volar, según los autores más respetados.
  • opiáceos: como la adormidera y la amapola, que favorecían y causaban las mismas sensaciones que las anteriormente mencionadas.
  • Hongos, especialmente la amanita muscaria, aquí llamada reig bord: la amanita ha sido usada por una gran variedad de culturas y tradiciones a lo largo y ancho del planeta, y a menudo se resalta la capacidad de esta seta para, en una de sus fases alucinógenas, dar la sensación de estar volando. Dado que su presencia era bastante extensa en el pasado del territorio, y además hay testimonios escritos de su uso, se puede concluir que fue uno de los ingredientes más representativos y valorados de los ungüentos en Catalunya, quizás incluso más que las solanáceas.

El hechizo para volar:
Aparte de todo aquello necesario para crear un ungüento adecuado para las artes mágicas, de poco serviría todo esto en un ámbito ritual si no se acompañara de las palabras adecuadas, brochazo final y golpe de efecto que aporta propiedades sagradas a los preparados que elaboraban las “bones dones”. Aquí hay el típico hechizo que hace referencia al pueblo de Altafulla:

Altafulla,
Vola fulla,
La fulla i la flor,
en l'aire fulla,
fulla sobre fulla,
pet sus fulla,
vod vod del cim d'Altafulla...


(Javier Tomeo: Bruixeria popular catalana)

Fuentes:

Joan A. Oriol - Botànica Màgica
Agustí Alcoberro - El segle de les Bruixes
Joan Soler i Amigó - Enclopèdia de la Fantasia popular catalana

Un ritual del solsticio de verano: El Lobo Verde de Jumièges (Normandía)

Cumpliendo con las fechas venideras he empezado a recopilar información sobre distintas formas de celebración del solsticio de verano en Europa, cuando de pronto hallé en la magna obra de Frazer La Rama Dorada la descripción de un curioso ritual llevado a cabo en Normandía,concretamente en la localidad de Jumièges. Frazer describe que en este hermoso pueblo del norte de Francia se celebraba el solsticio, al menoshasta la primera mitad del siglo XX, con una serie de ritos de índole singular.
Cada 23 de junio, hacía su aparición la Hermandad del Lobo Verde. Esta hermandad, que se convirtió en clerical, escogía un portavoz y cabeza de la procesión, y lo vestían con un largo manto verde y un sombrero puntiagudo del mismo color. Así empezaban a andar en fila cantando himnos religiosos hasta llegar a Chouquet, donde se encontraban con los cargos de la iglesia. Después de una misa, de noche, una mujer y un hombre, vestido y ornamentados con flores, encendían una hoguera. La cofradía del Lobo Verde, cogidos de las manos, serpenteando intentaban atrapar al LoboVerde, que intentaba escapar de los chicos. Una vez lo cogían, simulaban llevarlo hasta la hoguera y tirarlo allí. Una vez llevada a cabo esta pantomima, la cofradía, el Lobo Verde y los asistentes iban a la casa del homenajeado donde se celebraba una cena en una atmósfera de solemnidad y silencio.

Al tocar la medianoche pero, todo se tornaba una fiesta alocada, con música, bebida y bailes, a cargo de la Hermandad del Lobo Verde. La fiesta seguía durante el día siguiente, en la que la cofradía llevaba el jolgorio a toda la localidad.



La figura del Lobo Verde ('Loup Vert') podría tomar origen en varios conceptos de distinto origen cultural. Por una parte, puede verse una evidente analogía con el concepto del Hombre Verde que parece tener su origen en el paganismo céltico continental y cuya aparición en fiestas rituales estivales tiene equivalentes a lo largo y ancho de Europa; pero, por otra parte, hay un paralelismo más documentado, y más “judicial” que relaciona el Lobo Verde con la figura del Wolfhede de las leyes anglo-sajonas de Normandía, las leyes de Eduardo el Confesor. El Wolfhede era el forajido de la justicia, el que escapaba de un castigo, pero también un sím
bolo de un héroe, que se caracterizaba por tener que llevar una máscara o disfraz de lobo mientras era condenado al exilio; durante ese tiempo, a la gente del pueblo le estaba prohibido hacerle ningún daño al que llevara la máscara. Este Wolfhede evidentemente está conectado con la figura germánica del concepto del hombre lobo y que se había instalado en el siglo X en Francia.

Esta tradición y todo lo que la rodea tuvo un origen seguramente precristiano, y prueba de ello es la cristianización por la que pasó la leyenda sobre el lobo en el municipio de Jumièges y la hagiografía local: hay varias leyendas locales que cuentan cómo el santo Filiberto o Ausberto domesticó el Lobo Verde o Loup Ver (el lobo verdadero), con lo que podría leerse en esta domesticación un símbolo de la adhesión de otro rito pagano en el culto cristiano aceptado local. Esta leyenda de la domesticación de los lobos también tiene equivalencias en otros territorios europeos.



Fuentes:Eisler, Robert. Man Into Wolf; An Anthropological Interpretation of Sadism, Masochism and Lycanthropy.
Frazer, James George. La Rama Dorada.
Jumieges.fr http://jumieges.free.fr/loup.htm

Tonterías sobre Halloween: “Lo de pedir caramelos es muy moderno” - El Origen del Trick-or-Treating



Cuando se aproximan estas fechas, como siempre, emprendo mi cruzada particular a favor de Halloween, y la recuperación de su celebración original en TODA Europa, incluyendo el país que nos ocupa.

Una de las tradiciones que tanto se desprecian a nivel nacional y que en los últimos años parecen estar extendiéndose en el territorio es la de los niños pidiendo dulces puerta por puerta. Muchos adultos se quejan que los niños sólo lo hacen por influencia de los medios, que dan una visión americanizada de la fiesta, y que esta práctica va en detrimento de las celebraciones tradicionales locales. Y no se equivocan.

Sería inútil haceros creer que los niños obedecen a una especie de inconsciente colectivo de recuperación de tradiciones europeas. Bueno, de hecho sería la hostia si eso fuera así. Pero no es el caso: pesan más las películas de Disney y los especiales de Halloween de los Simpsons y todas las otras series de dibujos animados que no dejan de emitir en reposición, tanto si estamos a medio julio como en pleno enero. Pero si lo enfocáramos de forma más práctica e intentáramos explicarles a esas nuevas generaciones los orígenes del trick-or-treating, quizás lo veríamos con diferentes ojos.

Antes de meternos en materia, como siempre, me adentraré en la etimología. El Trick-or-treating es una expresión inglesa que significa, literalmente, “Broma o trato”, pero que se ha adaptado con cierto éxito como “Truco o Trato”. Los niños, disfrazándose de diferentes espectros y monstruos, llaman a las puertas de sus vecinos diciendo “Truco o Trato”, exigiendo un dulce. En caso de que ese “trato” les sea negado, estos pueden vengarse con un “truco”, que consistiría en una broma pesada.

La expresión se registra por primera vez en lengua inglesa ya en la tardía fecha de 1927, en un periódico, el Herald de Alberta, Canadá. Pero serí en la década siguiente cuando el término tal y como lo conocemos ahora se extendería sobretodo por los territorios occidentales de los Estados Unidos y Canadá. Aun así, el Trick or Treating no empieza en los años veinte, sino que basa su origen en tradiciones muy antiguas, que nos retraen de nuevo, ¿cómo no? A Europa.

El origen del Truco-o-Trato (I): mito y religión:

Si investigamos sobre los orígenes de las bandadas de niños y niñas corriendo de puerta a puerta, nos encontraremos con la celebración céltica de Samhain, así como sus fiestas de inicio de inviernos análogas en la mayor parte de Europa.

Como ya debes haber leído hasta la saciedad, en Samhain el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos se hace muy fino, y todo lo que habita ese Otro Mundo, se filtra hasta el nuestro, en el cambio de estación (en este caso, el cambio de mitad del año). Originariamente no eran los niños los que iban de puerta a puerta, sino que se creía que eran los muertos y los ancestros los que visitaban las casas de sus familias -o sus enemigos- buscando algo de comer o de beber, así como el calor familiar. Esa creencia sobrevivió, por su importancia, en los territorios celtas insulares de Escocia e Irlanda, mientras que en otros sitios se perdió con más facilidad.

Con el tiempo y la necesidad ritual de la sociedad, esa procesión de muertos y sídhe del Otro Mundo pasaría a hacerse tangible, y aunque transformada en pantomima, mantendría su seriedad por mucho tiempo que pasase.

El origen del Truco-o-Trato (II): : el souling y el guising:

A pesar de la llegada del Cristianismo, en muchos territorios jamás se perdió la creencia en la magia y el poder de la noche de Samhain.

Y así, en algunos sitios de las Islas Británicas, bajo la pátina cristiana de la Baja Edad Media, surgió el souling. Con esa práctica pasó de creerse en que los muertos eran los que vagaban de puerta en puerta, para que pasaran a ser los mendigos y vagabundos los que pedían comida, a cambio de plegarias para los difuntos familiares. Las buenas almas cristianas confortaban a las perdidas, y las perdidas rezaban por los muertos, así se obtenía un beneficio espiritual.

En otras áreas, como en el caso de la Bretaña Armoricana o Escocia, el aspecto precristiano y mágico de esas procesiones se mantuvo mucho mejor. En esos pueblos, era gente del pueblo la que iba, emulando con disfraces blancos a los seres del Otro Mundo, pidiendo comida a sus vecinos. La gente en las casas les ofrecía comida a cambio de protección y la promesa de estar a bien con el mundo de los espíritus. Cada hogar realizaba de esta forma su sacrificio particular a sus ancestros, y de este modo, la magia simpática que se llevaba a cabo con este ritual aseguraba medio año más de paz con los habitantes y poderes del Otro Mundo.

Finalmente, hay también precedentes de esta práctica en Gales y en la Isla de Man. En el caso de Gales, sus habitantes dejaban comida ante la puerta para que los muertos la pasaran a buscar sin necesidad de interactuar con los vivos. Y en la Isla de Man, como parte de las celebraciones de Hop-tu-naa, los niños llamaban a las puertas pidiendo dinero o comida.

Pero el boom moderno del Truco-o-Trato tuvo lugar al final de los años veinte en América y Canadá, y mediante la industria de los caramelos y otras multinacionales se consiguió que se volviera una práctica inherente a Halloween en todo el mundo.

Interpretación:

La idea del Truco tiene su origen en los ritos escoceses que se llevaban a cabo esa noche, aun no estando conectados con los soulings o guisings. Los muchachos jóvenes de los pueblos se intercambiaban vestimentas con las muchachas, y gastaban pesadas bromas a los adultos, moviendo el ganado o haciendo ruido con estridentes instrumentos de viento. En el caso del Trato, como ya hemos dicho, era un sacrificio ritual, que con el tiempo se automatizó y se ha vuelto una pantomima infantilizada.

Aun no está muy claro cuando empezó a amalgamarse la idea del Truco y el Trato como acto complementario, pero seguramente fue durante el Cristianismo, cuando los ancestros y todos los seres del Otro Mundo pasaron a ser maléficos por naturaleza, y las buenas gentes tenían que pagar su tributo a los infiernos para protegerse de todos lo males que brujas y demonios pudieran causar, dándole por ende un toque más tenebroso y menos festivo.

Así pues, al ver los alegres niños disfrazados de fantasmas, hadas y demás criaturas sobrenaturales, es curioso pensar que ellos, inconscientemente, desarrollan un antiquísimo rito de conexión con el Otro Mundo, y que, un año más, el invierno y la mitad oscura del año no nos quiten más de lo que es estrictamente necesario.















Fuentes:
Hallowe'en in America:
http://www.sacred-texts.com/pag/boh/boh17.htm
Halloween customs in Celtic World:
History of trick or treat:
Pagan origins of halloween-Jean Markale.



El Pi de Nadal de Santa Coloma y de Caldes de Montbui - True Catalan Tree Worship


A menudo, tradicionalistas catalanes rehúsan la re-introducción del árbol de Navidad por considerarlo algo foráneo y no perteneciente a lo que es la forma “100% catalana” de celebrar el solsticio de invierno. Esa gente arguye que, en todo lo referente al culto arbóreo, el Tió de Nadal suple perfectamente toda necesidad de celebración en la que el árbol aparezca como elemento axial. Pero eso no es del todo cierto. Por supuesto, el Tió es una forma -ya muy vulgarizada- de culto al árbol y al renacer de la Naturaleza, pero, si observamos con un poco de atención, podremos ver cómo en algunos lugares aún se conservan referencias al culto a un árbol entero, no a partes de éste.

Algunos autores y compendios de folklore hablan sobre una tradición arbórea solsticial, llamada “el Pi de Nadal” (el pino de Navidad), en la que, durante la vigila del día de los santos inocentes (por tanto, el 27 de diciembre) los viejos del pueblo plantaban un árbol en el medio de la plaza. Luego, lo rodeaban con mucha leña y le prendían fuego. Los participantes, finalmente, se dedicaban a tostar frutos secos en él, mientras hablaban de asuntos locales y demás efemérides.

Esta tradición, centrada en el área de Caldes de Montbui (Vallès Oriental), podría datar de tiempos anteriores incluso a la expansión del Cristianismo. Lo curioso y sobresaliente de esta práctica, es que une en una sola celebración el concepto puramente catalán del Tió y el concepto centroeuropeo del árbol de Navidad, dando como resultado un rito en el que se une sacrificio, celebraciones de ciclo solar y culto al fuego, y, finalmente, el culto a la fertilidad, muy similar en forma y contenido a las celebraciones de “l'Arbre de Maig” que aún se celebran en algunos pueblos, notablemente ligadas a los Maypoles o Palos de Mayo. Tradiciones similares pueden hallarse en el Figueró y en el Montmany.

En el caso de la Festa del Pi de Santa Coloma, la celebración es aún más curiosa. Como apunta Joan Soler i Amigó, el 30 de diciembre, la gente del pueblo de Centelles se reúne en el bosque de buena mañana, desayunan y cortan juntos el pino más frondoso del bosque. Entonces lo llevan, como en procesión, hasta el centro de la plaza. Una vez el pino llega a la plaza, se planta allí de nuevo, las gentes bailan a su alrededor y lo arrastran, atentos eh, hasta dentro de la iglesia. Allí, lo hacen mover frenéticamente, lo decoran con manzanas y neules, y lo hacen danzar como buenamente pueden. Lo dejan así hasta el día 6 de enero, y ese día se reparten sus ramas entre la gente como amuletos de buena suerte.

La Festa del Pi de Santa Coloma podría analizarse como una síntesis, forjada con el paso de los años, de las tradiciones precristianas y cristianas. La primera parte de la celebración es, sin duda, eminentemente pagana, pues se corta un pino de forma colectiva y se lleva al centro neurálgico del pueblo. Pero el entrarlo dentro de la iglesia parece una legitimación impuesta con el paso del tiempo, seguramente porque las autoridades clericales lo habrían visto como una amenaza a la fe.

Fuentes:

Rodríguez, Pepe. - Mitos y Tradiciones de la Navidad (p.144)
Soler i Amigó, Joan – Cultura popular Tradicional


El Tió


La tradición popular del Tió congrega cada día 25 de diciembre -aún dentro de la celebración del solsticio de invierno, a miles de familias que, alrededor de un trozo de tronco o “soca” a la que llaman Tió, conservan de forma encubierta una tradición que tiene raíces en un culto arbóreo antiquísimo de Europa. Como afirma Rodríguez en Mitos y Tradiciones de La Navidad, “es quizá la tradición pagana más antigua de cuantas han sobrevivido dentro del conjunto de las fiestas navideñas (…) pero se ha desvirtuado casi por completo” (p. 163).

El Tió en Europa

El 'Tió' de Nadal (en castellano 'tizón' o 'leño') existe, de forma documentada en Catalunya, desde el siglo XVII (aunque se dice siempre que era anterior). Pero este rito no se suscribe únicamente al área de Catalunya, sino que pueden hallarse equivalentes en la franja pirenaica de la península (Navarra y Euskadi mayormente), Mallorca, Andalucía, Francia, el Reino Unido, Alemania y en algunas regiones de Europa del este. De hecho, el mito vasco del Olentzero implica también la presencia del Olentzero-emborra, el tronco del Olentzero, junto al cual el personaje se calienta durante la noche. Esta forma de celebración es muy similar a otras celebraciones del culto invernal como la del Yule log en los países germánicos, aunque de una forma un tanto distinta. De hecho, tradicionalmente, el Tió era de encina y roble, maderas sagradas grandes conectoras de electricidad.

Grabado del siglo XVIII
Según Rodríguez, estos ritos se encuentran con facilidad en Francia. En las regiones provenzales se bendecía el lou cacho-fio, un tronco de árbol frutal, y una vez quemado, las cenizas se recogían y se empleaban en todo tipo de medicinas y jabones, e incluso se espolvoreaban por las habitaciones. En Bretaña, se quemaba el kef Nedelek (tronco de Navidad), y en Normandía, el chouque. Lo mejor del caso, es que se conservan escritos del siglo XVI en los que se relata el rito completo del tréfone:
“el 24 de diciembre, al atardecer de la víspera de Navidad (…) se coloca un gran tronco de madera sobre los morillos en la chimenea, encima del fuego (…). Cuando comienza a arder, toda la familia se junta cerca del fuego y el más joven de la casa (…) debe tener en la mano derecha un vaso lleno de vino, un trozo de pan y un poco de sal, y en la mano izquierda una vela encendida. Entonces, los muchachos y hombres se descubren la cabeza, y el mas joven de todo o su padre en su nombre, recita una oración. (…) Cuando todo esto se ha hecho, la familia toma una gran colación, sin pescado ni carne, pero con excelente vino, dulces y frutas. Se deja la mesa con el mantel puesto durante toda la noche y se coloca debajo un vaso de vino lleno hasta la mitad, pan, sal y un cuchillo.” (p.165) En Inglaterra, también se quema un tronco enorme en la víspera de la Navidad, con la ayuda de la madera del tronco del año anterior. Y en Alemania, además del Yulelog, hay autores que hablan del ritual de la quema de un tronco de roble cuyas cenizas se esparcían por los campos para hacer crecer los sembrados. El propio Frazer hace referencia a los tións y a su nexo con el roble, cuyo rol es doble, como protector contra el rayo, y al mismo tiempo como agente fecundador.

El Rito del Tió

En el pasado (no muy remoto, de hecho, pongamos hace unos 30 años), se sabe que el Tió sagrado se empezaba a quemar en cada casa durante la noche de la víspera de Navidad (Nochebuena, 24 de diciembre), aunque en algunos textos se dice que se celebraba antes del almuerzo del día de Navidad. La cuestión sería celebrar ese rito durante el período que iba desde el 25 de diciembre hasta el 5 de enero.

El rito del Tió empieza con la selección de un tronco grueso, una soca, que se llevaba hasta la casa, se metía en la chimenea, se hacía quemar un poco y se retiraba del fuego. Una vez apartado, se tapaba con una manta. Entonces se enviaba a los niños a otra habitación, a rezar, momento en el cual los mayores escondían dulces, turrones y pequeños juguetes. Entonces, los niños volvían y se hacía cagar al Tió. Una vez había acabado la sorpresa y el Tió había “cagado”, volvían a poner el Tió en el fuego, de formas más o menos controladas. Cuando el tronco estaba terminando de calcinarse, se cubría con ceniza y se obtenía, apagándolo, un trozo de madera carbonizada que se guardaba como amuleto y protección y sus cenizas se guardaban para remedios caseros -como jabón, por ejemplo- y como amuleto protector. El primer fuego del año se encendía a partir de las cenizas del Tió, por lo que la llama del solsticio no se extinguía y se renovaba eternamente. Las ofrendas de comida y oraciones eran perpetuadoras del culto a los ancestros, y de conservación del núcleo familiar, y su llama recordaba los ancestros. De hecho, el ritual fue condenado por el obispo de Braga en el siglo VII (!!!).

Let's dieeeee!!!!!!!!!
Desgraciadamente, con la migración de la gente a las zonas urbanas, empezó a hacerse inviable el hecho de tener una chimenea en casa, así que la parte del rito en la que se quema el Tió pasó a mejor vida. Con ese paso, la fiesta se infantilizó, y el concepto “solar” o “ígneo” de ese leño se perdió. Hoy en día, al Tió se le pinta una cara y viste con barretina y una pipa, se le da de comer -cosa que no deja de ser un sacrificio o libación, igual que la que se hace a Papá Noël- a partir del 8 de diciembre (fruta del tiempo) y se le cubre con una manta. La fruta va desapareciendo día a día, creando la ilusión que el Tió está vivo, y que pronto “cagará” sus regalos.

Aun así, el hecho de hacer “cagar” al Tió tiene un origen muy similar a los antiguo ritos mediante los cuales, golpeando a un tronce, se intentaban despertar a los espíritus que moraban en el vegetal, para que lo devolviera a la vida.

Analízalo, tronco

El Tió, y cualquier celebración que gire entorno a una pieza de un árbol en llamas, tiene varios puntos a tenerse en cuenta. Como afirma Soler i Amigó, el Tió sintetiza rituales comunitarios y familiares, ya sea como Faia (ejemplo de ello son las Fia Faies de los Pirineos) o en el centro del pueblo, o como leño quemando en una chimenea de una casa rural. Por una parte, se trata de un culto cíclico en el que se alude y se llama al buena renacer de la naturaleza, validando el ciclo solar. El tió representa toda la naturaleza en general, y por ello se le ofrendan y sacrifican comida, vino y frutos de toda clase: un ejercicio de magia simpática, hecha para conllevar fortuna y llamar a los dioses propicios del territorio para velar por sus habitantes. Citando a Rodríguez, que es un pozo de sabiduría “Cuando se sacrificaba ritualmente, mediante el fuego, un árbol sagrado (…) se creía estar infundiendo calor, vida y poder fecundante al todavía débil sol invernal y, en consecuencia, se propiciba la supervivencia que debía llegar con al eclosión primaveral de la Naturaleza y, muy especialmente, de la mano de las próximas cosechas de cereales.” (p.170)

Por otra parte, se trata de un rito en honor a los dioses lares, los pequeños dioses familiares de la unidad doméstica, pues cada familia obtiene un trozo del tronco y lo usará para su bienestar. Cuando hablamos de ese fuego protector, podemos hacer alusión a un trasfondo céltico, como bien dice Violant i Simorra en el Llibre de Nadal: “No cabe duda que el origen de la antigua fiesta de la navidad pagana, dedicada al Sol novus citado en los textos antiguos, lo debemos a los pueblos de la vieja Europa de raíz indogermánica.” Finalmente, citando a Soler i Amigó, si hacemos esta lectura del Tió como una celebración familiar, no podemos dejar de lado una lectura de culto a los antepasados y a la muerte, pues este rito de “perpetuación del fuego familiar (…) simbolizaba y procuraba la perpetuación de la familia, recordando a los antepasados y reconfortándolos.”

Se dice, o incluso se siente, que la celebración del Tió se está recuperando, eso sí, con nuevos elementos aún más infantilizantes, por parte de nuevas generaciones de padres y madres catalanas con cierta conciencia nacionalista. Pero que no nos engañen, lo que se recupera es este Tió marioneta, un Tió que hay que personificar para poder adorar, y ese no es el sentido originario de la fiesta. Reflexionemos, por favor, reflexionemos.

Mi propuesta de Tió para este año.

Fuentes:
Soler i Amigó, Joan - Enciclopedia de la Fantasia Popular catalana
Rodríguez, Pepe – Mitos y Tradiciones de la Navidad
Soler i Amigó, Joan – Cultura Popular Tradicional