La tradición popular del Tió congrega
cada día 25 de diciembre -aún dentro de la celebración del
solsticio de invierno, a miles de familias que, alrededor de un trozo
de tronco o “soca” a la que llaman Tió, conservan de forma
encubierta una tradición que tiene raíces en un culto arbóreo
antiquísimo de Europa. Como afirma Rodríguez en Mitos y Tradiciones
de La Navidad, “es quizá la tradición pagana más antigua de
cuantas han sobrevivido dentro del conjunto de las fiestas navideñas
(…) pero se ha desvirtuado casi por completo” (p. 163).
El Tió en Europa
El 'Tió' de Nadal (en castellano
'tizón' o 'leño') existe, de forma documentada en Catalunya, desde
el siglo XVII (aunque se dice siempre que era anterior). Pero este
rito no se suscribe únicamente al área de Catalunya, sino que
pueden hallarse equivalentes en la franja pirenaica de la península
(Navarra y Euskadi mayormente), Mallorca, Andalucía, Francia, el
Reino Unido, Alemania y en algunas regiones de Europa del este. De
hecho, el mito vasco del Olentzero implica también la presencia del
Olentzero-emborra, el tronco del Olentzero, junto al cual el
personaje se calienta durante la noche. Esta forma de celebración es
muy similar a otras celebraciones del culto invernal como la del Yule log en los países germánicos, aunque de una forma un tanto
distinta. De hecho, tradicionalmente, el Tió era de encina y roble,
maderas sagradas grandes conectoras de electricidad.
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| Grabado del siglo XVIII |
Según Rodríguez, estos ritos se
encuentran con facilidad en Francia. En las regiones provenzales se
bendecía el lou cacho-fio, un tronco de árbol frutal, y una vez
quemado, las cenizas se recogían y se empleaban en todo tipo de
medicinas y jabones, e incluso se espolvoreaban por las habitaciones.
En Bretaña, se quemaba el kef Nedelek (tronco de Navidad), y en
Normandía, el chouque. Lo mejor del caso, es que se conservan
escritos del siglo XVI en los que se relata el rito completo del
tréfone:
“el 24 de diciembre, al atardecer de
la víspera de Navidad (…) se coloca un gran tronco de madera sobre
los morillos en la chimenea, encima del fuego (…). Cuando comienza
a arder, toda la familia se junta cerca del fuego y el más joven de
la casa (…) debe tener en la mano derecha un vaso lleno de vino, un
trozo de pan y un poco de sal, y en la mano izquierda una vela
encendida. Entonces, los muchachos y hombres se descubren la cabeza,
y el mas joven de todo o su padre en su nombre, recita una oración.
(…) Cuando todo esto se ha hecho, la familia toma una gran
colación, sin pescado ni carne, pero con excelente vino, dulces y
frutas. Se deja la mesa con el mantel puesto durante toda la noche y
se coloca debajo un vaso de vino lleno hasta la mitad, pan, sal y un
cuchillo.” (p.165) En Inglaterra, también se quema un tronco
enorme en la víspera de la Navidad, con la ayuda de la madera del
tronco del año anterior. Y en Alemania, además del Yulelog, hay
autores que hablan del ritual de la quema de un tronco de roble cuyas
cenizas se esparcían por los campos para hacer crecer los sembrados.
El propio Frazer hace referencia a los tións y a su nexo con el
roble, cuyo rol es doble, como protector contra el rayo, y al mismo
tiempo como agente fecundador.
El Rito del Tió
En el pasado (no muy remoto, de hecho,
pongamos hace unos 30 años), se sabe que el Tió sagrado se empezaba
a quemar en cada casa durante la noche de la víspera de Navidad
(Nochebuena, 24 de diciembre), aunque en algunos textos se dice que
se celebraba antes del almuerzo del día de Navidad. La cuestión
sería celebrar ese rito durante el período que iba desde el 25 de
diciembre hasta el 5 de enero.
El rito del Tió empieza con la
selección de un tronco grueso, una soca, que se llevaba hasta la
casa, se metía en la chimenea, se hacía quemar un poco y se
retiraba del fuego. Una vez apartado, se tapaba con una manta.
Entonces se enviaba a los niños a otra habitación, a rezar, momento
en el cual los mayores escondían dulces, turrones y pequeños
juguetes. Entonces, los niños volvían y se hacía cagar al Tió.
Una vez había acabado la sorpresa y el Tió había “cagado”,
volvían a poner el Tió en el fuego, de formas más o menos
controladas. Cuando el tronco estaba terminando de calcinarse, se
cubría con ceniza y se obtenía, apagándolo, un trozo de madera
carbonizada que se guardaba como amuleto y protección y sus cenizas
se guardaban para remedios caseros -como jabón, por ejemplo- y como
amuleto protector. El primer fuego del año se encendía a partir de
las cenizas del Tió, por lo que la llama del solsticio no se
extinguía y se renovaba eternamente. Las ofrendas de comida y
oraciones eran perpetuadoras del culto a los ancestros, y de
conservación del núcleo familiar, y su llama recordaba los
ancestros. De hecho, el ritual fue condenado por el obispo de Braga
en el siglo VII (!!!).
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| Let's dieeeee!!!!!!!!! |
Desgraciadamente, con la migración de
la gente a las zonas urbanas, empezó a hacerse inviable el hecho de
tener una chimenea en casa, así que la parte del rito en la que se
quema el Tió pasó a mejor vida. Con ese paso, la fiesta se
infantilizó, y el concepto “solar” o “ígneo” de ese leño
se perdió. Hoy en día, al Tió se le pinta una cara y viste con
barretina y una pipa, se le da de comer -cosa que no deja de ser un
sacrificio o libación, igual que la que se hace a Papá Noël- a
partir del 8 de diciembre (fruta del tiempo) y se le cubre con una
manta. La fruta va desapareciendo día a día, creando la ilusión
que el Tió está vivo, y que pronto “cagará” sus regalos.
Aun así, el hecho de hacer “cagar”
al Tió tiene un origen muy similar a los antiguo ritos mediante los
cuales, golpeando a un tronce, se intentaban despertar a los
espíritus que moraban en el vegetal, para que lo devolviera a la
vida.
Analízalo, tronco

El Tió, y cualquier celebración que
gire entorno a una pieza de un árbol en llamas, tiene varios puntos
a tenerse en cuenta. Como afirma Soler i Amigó, el Tió sintetiza
rituales comunitarios y familiares, ya sea como Faia (ejemplo de ello
son las Fia Faies de los Pirineos) o en el centro del pueblo, o como
leño quemando en una chimenea de una casa rural. Por una parte, se
trata de un culto cíclico en el que se alude y se llama al buena
renacer de la naturaleza, validando el ciclo solar. El tió
representa toda la naturaleza en general, y por ello se le ofrendan y
sacrifican comida, vino y frutos de toda clase: un ejercicio de magia
simpática, hecha para conllevar fortuna y llamar a los dioses
propicios del territorio para velar por sus habitantes. Citando a
Rodríguez, que es un pozo de sabiduría “Cuando se sacrificaba
ritualmente, mediante el fuego, un árbol sagrado (…) se creía
estar infundiendo calor, vida y poder fecundante al todavía débil
sol invernal y, en consecuencia, se propiciba la supervivencia que
debía llegar con al eclosión primaveral de la Naturaleza y, muy
especialmente, de la mano de las próximas cosechas de cereales.”
(p.170)
Por otra parte, se trata de un rito en
honor a los dioses lares, los pequeños dioses familiares de la
unidad doméstica, pues cada familia obtiene un trozo del tronco y lo
usará para su bienestar. Cuando hablamos de ese fuego protector,
podemos hacer alusión a un trasfondo céltico, como bien dice
Violant i Simorra en el Llibre de Nadal: “No cabe duda que el
origen de la antigua fiesta de la navidad pagana, dedicada al Sol
novus citado en los textos antiguos, lo debemos a los pueblos de la
vieja Europa de raíz indogermánica.” Finalmente, citando a Soler
i Amigó, si hacemos esta lectura del Tió como una celebración
familiar, no podemos dejar de lado una lectura de culto a los
antepasados y a la muerte, pues este rito de “perpetuación del
fuego familiar (…) simbolizaba y procuraba la perpetuación de la
familia, recordando a los antepasados y reconfortándolos.”
Se dice, o incluso se siente, que la
celebración del Tió se está recuperando, eso sí, con nuevos
elementos aún más infantilizantes, por parte de nuevas generaciones
de padres y madres catalanas con cierta conciencia nacionalista. Pero
que no nos engañen, lo que se recupera es este Tió marioneta, un
Tió que hay que personificar para poder adorar, y ese no es el
sentido originario de la fiesta. Reflexionemos, por favor,
reflexionemos.
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| Mi propuesta de Tió para este año. |
Fuentes:
Soler i Amigó, Joan - Enciclopedia de
la Fantasia Popular catalana
Rodríguez, Pepe – Mitos y
Tradiciones de la Navidad
Soler i Amigó, Joan – Cultura
Popular Tradicional