dimecres, 8 d’agost del 2012

El Tió


La tradición popular del Tió congrega cada día 25 de diciembre -aún dentro de la celebración del solsticio de invierno, a miles de familias que, alrededor de un trozo de tronco o “soca” a la que llaman Tió, conservan de forma encubierta una tradición que tiene raíces en un culto arbóreo antiquísimo de Europa. Como afirma Rodríguez en Mitos y Tradiciones de La Navidad, “es quizá la tradición pagana más antigua de cuantas han sobrevivido dentro del conjunto de las fiestas navideñas (…) pero se ha desvirtuado casi por completo” (p. 163).

El Tió en Europa

El 'Tió' de Nadal (en castellano 'tizón' o 'leño') existe, de forma documentada en Catalunya, desde el siglo XVII (aunque se dice siempre que era anterior). Pero este rito no se suscribe únicamente al área de Catalunya, sino que pueden hallarse equivalentes en la franja pirenaica de la península (Navarra y Euskadi mayormente), Mallorca, Andalucía, Francia, el Reino Unido, Alemania y en algunas regiones de Europa del este. De hecho, el mito vasco del Olentzero implica también la presencia del Olentzero-emborra, el tronco del Olentzero, junto al cual el personaje se calienta durante la noche. Esta forma de celebración es muy similar a otras celebraciones del culto invernal como la del Yule log en los países germánicos, aunque de una forma un tanto distinta. De hecho, tradicionalmente, el Tió era de encina y roble, maderas sagradas grandes conectoras de electricidad.

Grabado del siglo XVIII
Según Rodríguez, estos ritos se encuentran con facilidad en Francia. En las regiones provenzales se bendecía el lou cacho-fio, un tronco de árbol frutal, y una vez quemado, las cenizas se recogían y se empleaban en todo tipo de medicinas y jabones, e incluso se espolvoreaban por las habitaciones. En Bretaña, se quemaba el kef Nedelek (tronco de Navidad), y en Normandía, el chouque. Lo mejor del caso, es que se conservan escritos del siglo XVI en los que se relata el rito completo del tréfone:
“el 24 de diciembre, al atardecer de la víspera de Navidad (…) se coloca un gran tronco de madera sobre los morillos en la chimenea, encima del fuego (…). Cuando comienza a arder, toda la familia se junta cerca del fuego y el más joven de la casa (…) debe tener en la mano derecha un vaso lleno de vino, un trozo de pan y un poco de sal, y en la mano izquierda una vela encendida. Entonces, los muchachos y hombres se descubren la cabeza, y el mas joven de todo o su padre en su nombre, recita una oración. (…) Cuando todo esto se ha hecho, la familia toma una gran colación, sin pescado ni carne, pero con excelente vino, dulces y frutas. Se deja la mesa con el mantel puesto durante toda la noche y se coloca debajo un vaso de vino lleno hasta la mitad, pan, sal y un cuchillo.” (p.165) En Inglaterra, también se quema un tronco enorme en la víspera de la Navidad, con la ayuda de la madera del tronco del año anterior. Y en Alemania, además del Yulelog, hay autores que hablan del ritual de la quema de un tronco de roble cuyas cenizas se esparcían por los campos para hacer crecer los sembrados. El propio Frazer hace referencia a los tións y a su nexo con el roble, cuyo rol es doble, como protector contra el rayo, y al mismo tiempo como agente fecundador.

El Rito del Tió

En el pasado (no muy remoto, de hecho, pongamos hace unos 30 años), se sabe que el Tió sagrado se empezaba a quemar en cada casa durante la noche de la víspera de Navidad (Nochebuena, 24 de diciembre), aunque en algunos textos se dice que se celebraba antes del almuerzo del día de Navidad. La cuestión sería celebrar ese rito durante el período que iba desde el 25 de diciembre hasta el 5 de enero.

El rito del Tió empieza con la selección de un tronco grueso, una soca, que se llevaba hasta la casa, se metía en la chimenea, se hacía quemar un poco y se retiraba del fuego. Una vez apartado, se tapaba con una manta. Entonces se enviaba a los niños a otra habitación, a rezar, momento en el cual los mayores escondían dulces, turrones y pequeños juguetes. Entonces, los niños volvían y se hacía cagar al Tió. Una vez había acabado la sorpresa y el Tió había “cagado”, volvían a poner el Tió en el fuego, de formas más o menos controladas. Cuando el tronco estaba terminando de calcinarse, se cubría con ceniza y se obtenía, apagándolo, un trozo de madera carbonizada que se guardaba como amuleto y protección y sus cenizas se guardaban para remedios caseros -como jabón, por ejemplo- y como amuleto protector. El primer fuego del año se encendía a partir de las cenizas del Tió, por lo que la llama del solsticio no se extinguía y se renovaba eternamente. Las ofrendas de comida y oraciones eran perpetuadoras del culto a los ancestros, y de conservación del núcleo familiar, y su llama recordaba los ancestros. De hecho, el ritual fue condenado por el obispo de Braga en el siglo VII (!!!).

Let's dieeeee!!!!!!!!!
Desgraciadamente, con la migración de la gente a las zonas urbanas, empezó a hacerse inviable el hecho de tener una chimenea en casa, así que la parte del rito en la que se quema el Tió pasó a mejor vida. Con ese paso, la fiesta se infantilizó, y el concepto “solar” o “ígneo” de ese leño se perdió. Hoy en día, al Tió se le pinta una cara y viste con barretina y una pipa, se le da de comer -cosa que no deja de ser un sacrificio o libación, igual que la que se hace a Papá Noël- a partir del 8 de diciembre (fruta del tiempo) y se le cubre con una manta. La fruta va desapareciendo día a día, creando la ilusión que el Tió está vivo, y que pronto “cagará” sus regalos.

Aun así, el hecho de hacer “cagar” al Tió tiene un origen muy similar a los antiguo ritos mediante los cuales, golpeando a un tronce, se intentaban despertar a los espíritus que moraban en el vegetal, para que lo devolviera a la vida.

Analízalo, tronco

El Tió, y cualquier celebración que gire entorno a una pieza de un árbol en llamas, tiene varios puntos a tenerse en cuenta. Como afirma Soler i Amigó, el Tió sintetiza rituales comunitarios y familiares, ya sea como Faia (ejemplo de ello son las Fia Faies de los Pirineos) o en el centro del pueblo, o como leño quemando en una chimenea de una casa rural. Por una parte, se trata de un culto cíclico en el que se alude y se llama al buena renacer de la naturaleza, validando el ciclo solar. El tió representa toda la naturaleza en general, y por ello se le ofrendan y sacrifican comida, vino y frutos de toda clase: un ejercicio de magia simpática, hecha para conllevar fortuna y llamar a los dioses propicios del territorio para velar por sus habitantes. Citando a Rodríguez, que es un pozo de sabiduría “Cuando se sacrificaba ritualmente, mediante el fuego, un árbol sagrado (…) se creía estar infundiendo calor, vida y poder fecundante al todavía débil sol invernal y, en consecuencia, se propiciba la supervivencia que debía llegar con al eclosión primaveral de la Naturaleza y, muy especialmente, de la mano de las próximas cosechas de cereales.” (p.170)

Por otra parte, se trata de un rito en honor a los dioses lares, los pequeños dioses familiares de la unidad doméstica, pues cada familia obtiene un trozo del tronco y lo usará para su bienestar. Cuando hablamos de ese fuego protector, podemos hacer alusión a un trasfondo céltico, como bien dice Violant i Simorra en el Llibre de Nadal: “No cabe duda que el origen de la antigua fiesta de la navidad pagana, dedicada al Sol novus citado en los textos antiguos, lo debemos a los pueblos de la vieja Europa de raíz indogermánica.” Finalmente, citando a Soler i Amigó, si hacemos esta lectura del Tió como una celebración familiar, no podemos dejar de lado una lectura de culto a los antepasados y a la muerte, pues este rito de “perpetuación del fuego familiar (…) simbolizaba y procuraba la perpetuación de la familia, recordando a los antepasados y reconfortándolos.”

Se dice, o incluso se siente, que la celebración del Tió se está recuperando, eso sí, con nuevos elementos aún más infantilizantes, por parte de nuevas generaciones de padres y madres catalanas con cierta conciencia nacionalista. Pero que no nos engañen, lo que se recupera es este Tió marioneta, un Tió que hay que personificar para poder adorar, y ese no es el sentido originario de la fiesta. Reflexionemos, por favor, reflexionemos.

Mi propuesta de Tió para este año.

Fuentes:
Soler i Amigó, Joan - Enciclopedia de la Fantasia Popular catalana
Rodríguez, Pepe – Mitos y Tradiciones de la Navidad
Soler i Amigó, Joan – Cultura Popular Tradicional

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