dimecres, 8 d’agost del 2012

El Pi de Nadal de Santa Coloma y de Caldes de Montbui - True Catalan Tree Worship


A menudo, tradicionalistas catalanes rehúsan la re-introducción del árbol de Navidad por considerarlo algo foráneo y no perteneciente a lo que es la forma “100% catalana” de celebrar el solsticio de invierno. Esa gente arguye que, en todo lo referente al culto arbóreo, el Tió de Nadal suple perfectamente toda necesidad de celebración en la que el árbol aparezca como elemento axial. Pero eso no es del todo cierto. Por supuesto, el Tió es una forma -ya muy vulgarizada- de culto al árbol y al renacer de la Naturaleza, pero, si observamos con un poco de atención, podremos ver cómo en algunos lugares aún se conservan referencias al culto a un árbol entero, no a partes de éste.

Algunos autores y compendios de folklore hablan sobre una tradición arbórea solsticial, llamada “el Pi de Nadal” (el pino de Navidad), en la que, durante la vigila del día de los santos inocentes (por tanto, el 27 de diciembre) los viejos del pueblo plantaban un árbol en el medio de la plaza. Luego, lo rodeaban con mucha leña y le prendían fuego. Los participantes, finalmente, se dedicaban a tostar frutos secos en él, mientras hablaban de asuntos locales y demás efemérides.

Esta tradición, centrada en el área de Caldes de Montbui (Vallès Oriental), podría datar de tiempos anteriores incluso a la expansión del Cristianismo. Lo curioso y sobresaliente de esta práctica, es que une en una sola celebración el concepto puramente catalán del Tió y el concepto centroeuropeo del árbol de Navidad, dando como resultado un rito en el que se une sacrificio, celebraciones de ciclo solar y culto al fuego, y, finalmente, el culto a la fertilidad, muy similar en forma y contenido a las celebraciones de “l'Arbre de Maig” que aún se celebran en algunos pueblos, notablemente ligadas a los Maypoles o Palos de Mayo. Tradiciones similares pueden hallarse en el Figueró y en el Montmany.

En el caso de la Festa del Pi de Santa Coloma, la celebración es aún más curiosa. Como apunta Joan Soler i Amigó, el 30 de diciembre, la gente del pueblo de Centelles se reúne en el bosque de buena mañana, desayunan y cortan juntos el pino más frondoso del bosque. Entonces lo llevan, como en procesión, hasta el centro de la plaza. Una vez el pino llega a la plaza, se planta allí de nuevo, las gentes bailan a su alrededor y lo arrastran, atentos eh, hasta dentro de la iglesia. Allí, lo hacen mover frenéticamente, lo decoran con manzanas y neules, y lo hacen danzar como buenamente pueden. Lo dejan así hasta el día 6 de enero, y ese día se reparten sus ramas entre la gente como amuletos de buena suerte.

La Festa del Pi de Santa Coloma podría analizarse como una síntesis, forjada con el paso de los años, de las tradiciones precristianas y cristianas. La primera parte de la celebración es, sin duda, eminentemente pagana, pues se corta un pino de forma colectiva y se lleva al centro neurálgico del pueblo. Pero el entrarlo dentro de la iglesia parece una legitimación impuesta con el paso del tiempo, seguramente porque las autoridades clericales lo habrían visto como una amenaza a la fe.

Fuentes:

Rodríguez, Pepe. - Mitos y Tradiciones de la Navidad (p.144)
Soler i Amigó, Joan – Cultura popular Tradicional


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