A menudo, tradicionalistas catalanes
rehúsan la re-introducción del árbol de Navidad por considerarlo
algo foráneo y no perteneciente a lo que es la forma “100%
catalana” de celebrar el solsticio de invierno. Esa gente arguye
que, en todo lo referente al culto arbóreo, el Tió de Nadal suple
perfectamente toda necesidad de celebración en la que el árbol
aparezca como elemento axial. Pero eso no es del todo cierto. Por
supuesto, el Tió es una forma -ya muy vulgarizada- de culto al árbol
y al renacer de la Naturaleza, pero, si observamos con un poco de
atención, podremos ver cómo en algunos lugares aún se conservan
referencias al culto a un árbol entero, no a partes de éste.
Algunos autores y compendios de
folklore hablan sobre una tradición arbórea solsticial, llamada “el
Pi de Nadal” (el pino de Navidad), en la que, durante la vigila del
día de los santos inocentes (por tanto, el 27 de diciembre) los
viejos del pueblo plantaban un árbol en el medio de la plaza. Luego,
lo rodeaban con mucha leña y le prendían fuego. Los participantes,
finalmente, se dedicaban a tostar frutos secos en él, mientras
hablaban de asuntos locales y demás efemérides.
Esta tradición, centrada en el área
de Caldes de Montbui (Vallès Oriental), podría datar de tiempos
anteriores incluso a la expansión del Cristianismo. Lo curioso y
sobresaliente de esta práctica, es que une en una sola celebración
el concepto puramente catalán del Tió y el concepto centroeuropeo
del árbol de Navidad, dando como resultado un rito en el que se une
sacrificio, celebraciones de ciclo solar y culto al fuego, y,
finalmente, el culto a la fertilidad, muy similar en forma y
contenido a las celebraciones de “l'Arbre de Maig” que aún se
celebran en algunos pueblos, notablemente ligadas a los Maypoles o
Palos de Mayo. Tradiciones similares pueden hallarse en el Figueró y
en el Montmany.
En el caso de la Festa del Pi de Santa
Coloma, la celebración es aún más curiosa. Como apunta Joan Soler
i Amigó, el 30 de diciembre, la gente del pueblo de Centelles se
reúne en el bosque de buena mañana, desayunan y cortan juntos el
pino más frondoso del bosque. Entonces lo llevan, como en procesión,
hasta el centro de la plaza. Una vez el pino llega a la plaza, se
planta allí de nuevo, las gentes bailan a su alrededor y lo
arrastran, atentos eh, hasta dentro de la iglesia. Allí, lo hacen
mover frenéticamente, lo decoran con manzanas y neules, y lo hacen
danzar como buenamente pueden. Lo dejan así hasta el día 6 de
enero, y ese día se reparten sus ramas entre la gente como amuletos
de buena suerte.
La Festa del Pi de Santa Coloma podría
analizarse como una síntesis, forjada con el paso de los años, de
las tradiciones precristianas y cristianas. La primera parte de la
celebración es, sin duda, eminentemente pagana, pues se corta un
pino de forma colectiva y se lleva al centro neurálgico del pueblo.
Pero el entrarlo dentro de la iglesia parece una legitimación
impuesta con el paso del tiempo, seguramente porque las autoridades
clericales lo habrían visto como una amenaza a la fe.
Fuentes:
Rodríguez, Pepe. - Mitos y Tradiciones
de la Navidad (p.144)
Soler i Amigó, Joan – Cultura
popular Tradicional

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